"Para el bloque socialista significó una ruptura radical con su pasado
(economía planificada sin propiedad privada;
un estado sobreprotector que les
exigía ser ateos y restringía la circulación de las personas; el pleno empleo y el consumo reducido
a lo necesario).
Tuvieron que sobreadaptarse al capitalismo,
un universo desconocido por el
aislamiento que el Muro había impuesto.
Cayo en desuso el compromiso político al estilo Sartre y gran parte de una generación quedó fuera de onda
salvo si aceptaba los nuevos valores que
rendían culto al éxito, al dinero y al interés individual
por encima del bien común".
"El exorbitante costo que suponía para
Alemania Occidental absorber una Alemania Oriental económicamente muerta era
uno de los mayores problemas que traía aparejados la caída del muro. Esto fue
bien aprovechado por los partidos de coalición que apoyaban el programa del Canciller Kohl, quienes en la campaña electoral
formularon diversas propuestas integradoras desde el punto de vista económico,
lo que les permitió captar el voto de la mayoría de los alemanes orientales.
Así, para facilitar el paso de Alemania Oriental a la competitiva economía de mercado, el gobierno invirtió miles de millones de marcos en una
red de seguridad social que sirviera de
contención a los flamantes ciudadanos".

La privatización de las empresas estatales del este en favor de las empresas del oeste
fue subsidiada masivamente por el Estado alemán (que se hizo cargo de la deuda
externa de la RDA y de las deudas internas y
externas de sus empresas), lo que provocó una descomunal emisión monetaria y un
crecimiento espectacular del déficit fiscal.
El 'costo' de la 'unidad alemana' ascendió a varios cientos de miles de
millones de dólares que ahora se pretende que paguen los trabajadores del este
y del oeste mediante la reducción del seguro al desempleado, de los subsidios familiares y el elevamiento de la
edad jubilatoria.
La anexión significó, efectivamente, una enorme destrucción de fuerzas
productivas: desaparecieron las dos terceras partes del PBI industrial este
alemán y la desocupación trepó más
allá del 40% de la población activa. Esta sangría sistemática del este sirvió
para que los capitalistas del oeste amasaran enormes beneficios y para que la
economía alemana escapara por un tiempo a la recesión. Pero cuando la 'fiesta'
de la 'unificación' pasó, dejó al descubierto una crisis capitalista agravada, pero por sobre todo, ha dejado
en claro que la unidad alemana sólo puede hacerla la dictadura del proletariado y el socialismo.

La crisis 'oriental' se ha convertido, entonces, en una crisis general; que
la gigantesca masa de beneficios provocada por el copamiento (subsidiado) de
los mercados orientales y
la eliminación (también subsidiada) de los competidores orientales por los grupos occidentales, no haya alcanzado para elevar de una
manera decisiva la tasa de beneficio, es una demostración inapelable de la
envergadura de la crisis del capitalismo alemán. La política capitalista frente
a la crisis apunta a la 'convergencia de los salarios' y a una 'flexibilización radical del mercado del trabajo
en toda Alemania'. Esto significa agudizar la competencia entre los trabajadores mediante la eliminación de la
estabilidad en el empleo y la introducción de la famosa 'flexibilidad'; la
burguesía trata de utilizar el desempleo oriental
para forzar la reducción de los salarios y las condiciones de trabajo de los
obreros del oeste. (De Privitellio, L.J. Luchilo, Moneneyo y otros, 2002).
LA CAÍDA DEL MURO Y SU
RELACIÓN CON EL ORDEN MUNDIAL
Entre 1989 y 1991, el mundo experimentó, en secuencia rápida, una serie de
acontecimientos drásticos (la caída del Muro de Berlín, la reunificación de las
dos Alemanias, el estallido interno de la Unión Soviética, el término del Pacto
de Varsovia y la guerra en la antigua Yugoslavia), que resultó en los
siguientes hechos:
Fin de la guerra fría y del mundo bipolar, emergiendo los Estados Unidos
como potencia hegemónica.
La Guerra del Golfo duró desde el 16 de enero al 27 de febrero de 1991 con
la rendición incondicional de Iraq.
El inicio de las reivindicaciones del Japón y
Alemania, grandes potencias económicas, pero alejadas desde el fin de la
Segunda Guerra Mundial de las
decisiones políticas mundiales. El
Japón, al recibir la negativa de Rusia de devolver las islas Curiles,
ciertamente reevaluará su estructura militar, hoy limitada al 1% de su PBI por
disposición constitucional impuesta por los Estados Unidos durante la ocupación
al final de la Segunda Guerra Mundial.
Alemania reivindicó la retirada de las tropas de la OTAN de su territorio,
ya que no existe amenaza justificada. Ambos, Japón y Alemania, desean tomar
asiento como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. No se justifica tomar parte del "Grupo de los Siete" (líderes de las naciones más
industrializadas) si no se tiene la contrapartida del poder político, a través
del poder del veto, en el órgano de mayor representación política en el
planeta.
Formación de mega-bloques económicos y políticos. La formación del NAFTA, conformado por los Estados Unidos, Canadá y México, sorprendió a los países de América del Sur pues se constituía otro mega-bloque económico
en el eje Norte-Norte. Por ello se concibió la creación del MERCOSUR, del cual formaban parte inicialmente Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile.
Interferencia cada vez mayor de la O.N.U., a través del Consejo de
Seguridad, en las querellas regionales con el consecuente aumento del número de
tropas y el número de "Peace Keeping Forces" (Fuerzas de Mantenimiento de la Paz). (Maestri, 2001).
CONCLUSIÓN
El 13 de agosto de 1961 los soldados germano-orientales junto a sus
milicias rodearon Berlín oriental con alambre de púas. Estas fortificaciones
temporales fueron rápidamente reemplazadas por un muro de concreto de 4 metros de altura por 166 kilómetros de largo, 45
de los cuales cortaban la ciudad en dos partes.
De esta manera nacía el muro de Berlín considerado por el bloque comunista
como una barrera contra el peligro de una invasión o de interferencias del
mundo occidental. Para Occidente, en cambio, el
muro se convirtió en el elemento más notorio de la denominada "cortina de
hierro".
El hormigón y el alambre de púa se convirtieron en los únicos argumentos
con los que el régimen comunista contuvo la atracción que ejercía el mundo
libre.
Durante 28 años, el Muro de Berlín separó amigos, familias y a una nación.
Durante los veintiocho años que el muro estuvo de pie, más de cinco mil
personas trataron de escapar. Más de 100 murieron en el intento. Muchos fueron
muertos por la guardia fronteriza de la DDR.
El Muro se transformó en el mayor símbolo de la guerra fría, esa partida
que jugaban las grandes potencias vencedoras, sobre todo Estados Unidos y la
Unión Soviética. Y también en una cruel vía de escape para quienes querían huir
en busca de un futuro mejor.
Pero el Muro no solo se cobró vidas, fue una divisoria de cemento que
atravesaba 192 calles y marcaba dos Berlines. Uno el de la libertad, el respeto a los derechos humanos, la potencia económica, la
ciudad próspera que quería dejar atrás el horror lo más rápidamente posible. El
otro, en cambio, marcaba la falta de libertad, la dictadura comunista, el
desprecio por los derechos individuales de las personas.
Así la histórica Berlín, capital alemana desde la reunificación de 1871,
fue una ciudad separada, fragmentada, dividida. Con diferentes proyectos, con diferente futuro.
El Muro separaba a los hombres no solo físicamente sino los alojaba en
compartimentos ideológicos tan cerrados y contrapuestos que ni siquiera podían
compartir un espacio común.
Significó, por último, una división de pensares que al final terminó por
derrumbarlo.
COMENTARIO CRÍTICO
De acuerdo con lo desarrollado previamente, se pone de manifiesto la importancia de esta etapa, porque dividió al mundo en dos bloques atentando contra los derechos fundamentales del ser humano, principalmente el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad de la persona, a la libertad de expresión; y provocando un continuo estado de temor en la sociedad.